Mantener el control
Entre los hábitos de juego saludables se incluyen:
- fijar un límite de gasto antes de jugar;
- controlar el tiempo dedicado al juego;
- evitar jugar con dinero prestado;
- no intentar recuperar las pérdidas;
- evitar jugar bajo los efectos del alcohol o las drogas;
- hacer descansos con regularidad;
- mantener el dinero destinado al juego separado del necesario para los gastos cotidianos.
Un cambio de comportamiento puede indicar que el juego está empezando a ser perjudicial. Entre las señales habituales se encuentran gastar más de lo previsto, aumentar las apuestas para recuperar pérdidas, ocultar el juego a familiares o amigos, pedir dinero prestado para jugar o permitir que el juego afecte al trabajo, las relaciones o las responsabilidades diarias.
